BCP – BANCO DE
CREDITO DEL PERU
ò Bien Creídos y
Panudos
Agencia Av.
Espinar, Miraflores, Caja No 5
Al ingresar
encuentro dos filas: Clientes y Usuarios.
“Clientes”, supongo
son los que tienen cuenta con el banco. No califico, pero mejor, la fila “Usuarios”,
es más pequeña.
Bien lo dice la
ley de Murphy: “basta que te coloques en una fila para que la otra avance rápidamente,
y si cambias de lugar, ocurrirá lo mismo”.
Aquí en el legendario
BCP (1889, desde que era Banco Italiano) no se puede cambiar de fila, o eres
Cliente o eres Usuario y si no lo sabías, aquí te van a enseñar la diferencia.
Atendían seis
cajas, la fila “Clientes” crecía y decrecía con la misma rapidez que los “Usuarios”,
comprendíamos que no éramos bien vistos y menos bienvenidos.
Estarán
completos, -pensé-, ya no necesitan más clientes, -comenté-, un señor a mi lado
dijo muy bajito: “así es en todas las agencias de este banco, mejor no diga
nada porque va a ser peor”.
“Bueno, lo màs
seguro es que ellos (los seis cajeros)
no se han dado cuenta-pensè cándidamente- : ¡Srta., Srta.…! -creo que es sorda-,
¡Srta…. por favor, disculpe, lo que pasa es que aquí estamos y nadie nos
atiende, aunque sea una ventanilla, ¿no podría….. - mirándome con la frialdad
como para que me entere sin ninguna duda que ella me, nos, consideraba
ciudadanos de tercera clase- gritó: ¡CLIENTES…!.
Confieso, en
honor a la verdad, que algún rubor me pareció notar en los rostros de aquella
fila diferente, mejor que nosotros, superiores.
Insistí, esta vez
para tratar de caerle bien (lo cual a estas altura era imposible) “Srta.
lamento profundamente no ser cliente de este importante y prestigioso banco, créame,
me avergüenzo, pero…¿podría perdonarnos por esta vez?
Me lanzó una
mirada tan fría que dio ganas de ponerse chompa.
¡¡ CLIENTE….!!!! –volvió
a gritar-
“ ¡Srta., Srta. Somos
sólo cuatro y lo somos desde que llegué (tanto que ya éramos amigos) por favor,
una ventanilla nos podría atender?
¡ PASE SEÑÑÑOORRR…! “….¿a mì…conmigo…? –alcancè a decir,
tìmidamente-
¿En que lo puedo
servir?, me di cuenta que le era difícil sonreír, tal vez no sabía, no tenia
costumbre o era la política de la empresa para castigar a los “Usuarios”,
bueno, bien merecido lo teníamos.
Con mi mejor
sonrisa le expliqué la razón de mi visita, no vaya a pensar que iba a pedir una
colaboración o algo parecido, me habló automáticamente (cualquier parecido con
un cajero automático es simple coincidencia) le consultè por simple curiosidad:
“Srta. los 14,300 empleados de este banco son tan serios como Uds. seis?.
Ni se inmutó, por
una cifra que ella creería, era inventada, Srta. –insistì- este banco que tiene
120 años, 330 oficinas en todo el Perú, 1,200 agentes, con oficinas en Bolivia
y una representación en Chile, tal vez piensan que se pueden dar el lujo de no
necesitar más clientes, tal vez ya llegó a u techo, no les interesa ya crecer,
¿verdad?
Su mirada de lástima
me volvió la realidad, me habló lentamente
para que mi pobre cerebro de “Usuario”, pueda entender-
“Si Ud. tuviera
un negocio ¿a quién atendería bien, a sus clientes o a los que vienen de vez en
cuando a usar nuestros servicios? (les juro que SIC)
Me di cuenta la razón
de su comportamiento, el nivel de preparación, la política instaurada, la
mentalidad de sus ejecutivos, lo que valemos como personas para estos negocios mercenarios.
Quise decirle que
con nuestras inoportunas y molestas visitas, ellos cobraban una comisión y que del
nuevo local de la molina de 32,000 m2 “más que sea” el felpudo de bienvenida nos pertenece.
Pero no pude.
No lo puedo
explicar, ya sè que no me van a creer, pero, verdad, sentí lastima por este banco cuya Misión dice:
“SERVIR AL
CLIENTE”… sòlo les faltó : ”…….Y AHUYENTAR A LOS QUE NO LO SON”