¡DÍMELO CANTANDO!

 Así respondía las llamadas, porque él lo hacía siempre, es decir hablar cantando.

José Luis Vilela era un apasionado de la música, era su tema recurrente, no le sería fácil caminar con un iletrado e inculto musical como yo, así que mientras el cantaba, yo contaba (chistes) o sea por una letra no pude cantar como él.
Su oído musical era tan afinado que a distancia identificaba una nota discordante.
Un día estábamos (como tantas veces) en casa de Leandro Reyes (hoy triunfando en EEUU) en Magdalena (los mejores platos marinos) donde el que desafinaba aunque sea tocando la puerta, no entraba.
Por eso yo no tocaba la puerta, me zampaba nomás.
Todos geniales, músicos guitarristas, cantantes, percusionistas, todos los instrumentos, todos los géneros musicales, la excelencia del lenguaje musical reunida en rociada reunión bohemia.
Luego de nuestro queridísimo “Guajaja” que hizo bailar hasta las sillas, Sandro Matos “José José” hizo llorar a las chicas de todas las edades (varias tenían toda las edades) le tocaba el turno al gran “Pepe” Vásquez a quien un guitarrista advenedizo rogó que le permita acompañarlo -soy tu hincha- le dijo y Pepe, siendo tan exigente como sencillo, aceptó.
Al fondo, estábamos con José Luis dándole trámite a un ceviche de concurso, cuando levantó la mirada y me dijo: “Pepe lo va a matar, la tercera está desafinada”.
A esa distancia y con la bulla que había, yo no escuché ni que estaba tocando.
Al terminar, Pepe muy serio le dijo al guitarrista: “sobrino no sea malo, afíneme la tercera cuerda urgente”
Los que estuvimos cerca a José Luis conocimos de su facilidad para improvisar cambiando las letras de la canción o inventando largos parlamentos con nombres de acuerdo a cada reunión.
Sus chistes también fueron memorables, uno en particular que la gente se lo reclamaba y que era el más aplaudido, en nuestros populares e inolvidables mano a mano de humor, era:
"Una profesora quería darle una lección a Jaimito por grosero, así que ordenó que todos los niños del salón hagan una sumatoria, pero cantando.
-Richard, ¡dígamelo cantando, sume 16!-
Muy coqueto y delicado como era, Richard cantó y bailó:
-¡dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis! -
-Muy bien, ahora Sandrito, ¡dígamelo cantando, sume sesenta!-
Sandrito, que en el salón le decían José José, empezó a cantar: -¡Cuarenta y veinte, cuarenta y veinte, es el amor lo que importa y nooo, lo que diga la geeeente, cuareeenta y veinteee..!-
Le tocaba a Jaimito y para hacérsela súper difícil busca un número que no aparezca en ninguna canción.
-¡Jaimito ¡dígamelo cantando, sume veintitrés! -
Jaimito pensó: ¡la que la parió! ¿¡de donde saco una canción con ese número!?
-¡Srta, la puedo hacer pero si me deja rapear!-
-Bueno, ¡pero hágalo!- contestole la Srta.
En esos momentos José Luis iniciaba un concierto de instrumentos con la boca y bailando al ritmo de su música improvisada, empezaba a rapear:
-¡La señorita me quiere cag.r, me pide una sumatoria difícil de lograr,
los dedos de mis manos, los dedos de mis pies,
mis huev.. y mi pene, suman veintitrés…!!!-
Así lo recordamos al negro, a un año de su partida física, alegre, bromista, cachaciento, creador de chapas, elegante para cantar, pretensioso para vestir, sonero mayor.
NEGRO…¡DÍMELO CANTANDO!
Silvio Sanchez Gongora, Jose Dueñas Suasnabar y 120 personas más
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