LOS AMIGOS SE VAN, LA AMISTAD QUEDA
La amistad es rara, por eso muchos no la entienden.
¿Cómo se puede creer en algo que te une con una persona de por vida sin tener tu misma sangre o tus mismos padres?
¿Cómo aceptar que se puede querer a una persona que no piensa como tú? que no se parece a ti? que alguna vez te golpeó o insultó, pero que siempre te defendió?
No, no es fácil.
¿Cómo creer que cuando se volvían a encontrar, sin importar la edad, regresaban a ser niños?
¿Cómo es posible que tu amigo era hincha del equipo que odiabas, pero tú no a él?
¿Cómo creer que te sentabas en su mesa y él en la tuya, sin sentirse visitas?
¿Cómo puede ser creíble que cuando la vida te llevó por otros rumbos, recordabas a tu amigo y le agradecías por lo que eras?
No, no puede ser fácil.
¿Cómo creer que sentías una gran emoción nostálgica si te llamaba por tu “chapa” delante de tus hijos?
¿Cómo entender que se sentían millonarios aún sin zapatillas o sin dinero para el pasaje?
¿Cómo creer que puedes llorar por él cuando sabes que no está bien o no está ya nunca más?
No, no es fácil.
¿Cómo no querer a sus hijos como propios?
¿Cómo no acordarte de su cumpleaño?
¿Cómo no haber sido feliz con sus triunfos y progresos?
¿Cómo no querer verlo una vez más, para un café o “un par nomás”?
¿Cómo no rejuvenecer cuando recordábamos anécdotas siempre repetidas?
¿Cómo evitar que tu corazón se estruje cuando lo recuerdas?
¿Cómo no querer a tu amigo?
¿Cómo creer que quieres volver a verlo para despedirte?
¿Cómo creer que perdí la oportunidad de decirle todo esto?
No, no es fácil.
Más difícil es seguir escribiendo.

Comentarios
Publicar un comentario