NEGRO VS BLANCO
Al parecer, a varios (que me han escrito) les ha entusiasmado mi viaje (ver: "A UN PASO DEL CIELO") y la posibilidad de contarles sabrosas anécdotas de mi estadía en éste alejado, desconocido (para mí), friolento, pero a la vez, hospitalario pueblo de Huallanca.
El título de ésta entrega, podría suponer un enfrentamiento racista, por tanto, anacrónico y antipático, que para el lugar desde donde les escribo, es altamente improbable.Como dicen los jóvenes (digo, los más jóvenes) "nada que ver".
Se trata más bien de una historia tan real como fantástica, preñada de heroismo y supervivencia.
Tan impactante, inédita, e increible que, les aseguro, sería un buen guión para una exitosa película.
Sólo les pido, un cheque en blanco de credibilidad, que por lo demás, a uds. les consta que el mérito mayor, -si es que algun mérito tienen- de mis artículos, es ceñirse lo más extrictamente a la realidad y la verdad.
Esta historia es una demostración de ello.
El primer dia que llegué a Huallanca (Sábado, 5.30 pm) fuí recibido en la oficina con el entusiasmo que corresponde al clima, me alojaron en el acogedor hotel Milan.
Un trabajador oriundo de la zona, se ofreció acompañarme:
-Buenas tardes Ingeniero (¿?) me llamo Yuri Busch Magencio, pero me dicen "el gringo".
-Mucho gusto, "gringo", me llamo Oswaldo, gracias ...pero camina más despacio, por favor.
Debo aclarar que para todos los efectos prácticos, he sido nombrado (sin necesidad de pasar por Azángaro) como flamante Ingeniero, por trabajadores y lugareños en general.
Aunque en mi caso, actualmente, dicho título se haya visto recortado, como si de un acuerdo tácito, mágico se tratara.
A mi me dicen "Inge", nomás.
Sin embargo, debo decir en mi defensa, que, investigando, histórica, etimológica y linguísticamente, el vocablo Ingeniero, he descubierto que deriva de la acepción "ingenioso".
Por tanto, técnicamente, Ingeniero, he sido desde chiquito.
Apenas avanzamos unos pasos, se acerco´un perro que me pareció inusual, por su tamaño diferente al resto, que sin ser escuálidos, resultaban pequeños y delgados al lado de éste robusto Rodswiller.
Me examinó con rigurosidad profesional, luego avanzó muy altivo a nuestro lado, para regresar cada corto tiempo, como si se empeñara en grabarse mi olor.
-No se preocupe, me tranquilizó el gringo, es Negro, el policia del pueblo.
A lo lejos (una cuadra de adoquines de piedra), apareció un perro tan alto y fornido como "Negro", casi totalmente blanco, digo "casi", porque tenia (y tiene), el ojo derecho, rodeado por un perfecto círculo negro, de raza Dogo.
Sólo el verlo hizo que Negro se encrispara y empiece a ladrar, tan fuerte como sus entrenados pulmones se lo permitian.
-No se asuste, Ingeniero-me tranquilizó, nuevamente, el gringo- es Blanco, el matón del pueblo.
Al dia siguiente, (Domingo, 3pm), ví aparecer a Blanco. Sigiloso, nervioso, atento, lo delataba sus inquietas orejas.
Instintivamente, seguí la dirección de su mirada. Mis sospechas eran fundadas.
Un perro pequeño, avisado del peligro, buscaba huir desesperadamente.
No tuvo el tiempo suficiente. Blanco lo tenia cercado.
Avanzó rápidamente, sabiéndose más fuerte y rozándome casi, sin mediar motivo que no sea otro que su instinto criminal, se avalanzó sobre su atemorizada presa, mordisqueándolo sin compasión.
De pronto, al mejor estilo de los héroes de ficción, volteando raudo la esquina, apareció Negro.
A una velocidad impresionante donde patas delanteras y traseras se unian y se separaban a un metro del piso con inusitada fuerza, dando la impresión que sus patas no tocaban siquiera la pista, que atestada de gente, se le abría libre, cual mar de Moisés.
De un salto ¿felino?, ¿impresionante?, ¿inverosímil?, cayó encima de Blanco quien aturdido por el inopinado ataque, rodó varios metros.
Tan pronto se recuperó, lanzo´una contraofensiva feroz, haciendo rodar tambien a Negro e intentando clavarle garras y afilados dientes.
El gentío arremolinado, chullo en mano, ¿señalaba?, ¿amenazaba?, tomaba partido.
Arengaba a viva voz, a uno y a otro (desnudándo a los defensores del mal) apretándose, forcejeando, insultándose, convirtiendo la angosta calle en sangriento coliseo romano.
Luego de interminables minutos, y ataques de uno y otro lado, jadeando, gruñendo, ladrando, golpeando, mordiendo, se pusieron de pie.
El griterio fué general, el espectáculo sobrecogedor.
¿Contagiado?, ¿excitado?, ¿resuelto?. Me abrí paso a empellones.
Los tuve cerca, tanto que podía sentir sus resuellos y bramidos.
Ahí, ante mí, estaban estos dos colosos cuadrúpedos, enredando sus formidables extremidades, claramente diferenciadas, rozando temerariamente sus gigantescos colmillos que parecian volar como dagas salidos de una boca cada vez más grande, cada vez má sangrante.
Fantásticos inagotables luchadores, erguidos cual torres gemelas, contrayendo, estirando, hinchando un abdomen amenazando explotar.
Sin descuidar el ataque, sin retroceder un milímetro, como si en ello se le fuera, su honor, su dignidad, su vida misma.
Sin tregua, sin pausa, insistian en pareja lid. Les pedí mentalmente, que por favor ya no sigan, que su imagen bien ganada de valientes quedaria intacta, no lo hagan, rivales de siempre, rivales a muerte, enemigos irreconciliables, dignos adversarios, defendiendo su vida, intentando sin dudar acabar la otra.
Para hacer más dificil señalar un ganador, ambos, al unísono, cayeron jadeantes.
Blanco, con lo que le quedaba de aliento, retrocede sin dejar de mirar a su corajudo oponente, se aleja lentamente, no sin antes lanzar un ronco gruñido, ¿remedo de ladrido?, para luego desaparecer por las empedradas calles de Huallanca.
Mientras tanto, Negro, tambaleante se acerca a lamer las heridas de la ocasional víctima.
Intenta ladrar. No puede.
He sido testigo-varias veces- de situaciones similares:
Blanco atacando a mansalva y traición, Negro con sus apariciones fantasmales, infatigable defensor de los débiles.
Ambos se respetan, siempre separados, nunca juntos.
Dos caras de una misma moneda. Viven cerca, pero no se pueden ver.
Cumpliendo cada uno con afán y eficiencia el papel que el destino les asignara:
Blanco acechando, Negro patrullando.
Los busco siempre, los tengo presentes, me pregunto con insistencia:
¿Qué pasaria si un aciago dia vence Blanco?
¿Quedaria la jauria menor a expensas de su abusador?
¿Negro, abandonaria ¿humillado?, ¿vencido?, ¿cansado de luchar?, su feudo, su reyno?
¿Y si es Blanco, el derrotado?
¿Huirá, ¿rabo entre las piernas?, ¿tramando venganza?, ¿rumiando su cólera?, a un pueblo vecino?
¿Separados, ¿se extrañaran?, ¿se buscarian?, ¿juraran volver?, se impondran nuevamente?
Hubiera querido intentar una conclusión, moraleja o mensaje de esta historia sangrienta y a la vez conmovedora.
Esa tarea se las dejo a Uds.
Mientras tanto, seguiré esperando, ¿con angustia?, ¿con impaciencia?, ¿con oculta crueldad?, ¿con sangriento morbo?, un nuevo desafío de:
NEGRO vs BLANCO
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