NOSTALGIA HERRERIANA

Me volvió a pasar, lo volví a vivir.
Paseaba distraído (es mi condición natural) por las calles de San Miguelito, cuando de pronto (esta expresión me encanta) un balón mojado cayó del cielo.
No lo supe por intuición ni alertado por alguien, era el agua barrosa que democráticamente mojó todo mi pantalón la que me convenció.
Detuve el balón como lo hacemos los de Magdalena: en una y sin dar rebote.
-Tócala pe’ tío- me dijo el más chato de los tres Herrerianos.
El tiempo también se detuvo, mi tiempo.
Éramos tres amigos inseparables: Rolando Villón, Luis Morales y yo, el más chato.
A la salida del Bartolo, pateábamos lo que se ponía al frente, una piedra, una lata a veces una pelota.
Rolando, hermano menor de “Godo” Velasquez, falleció en Venezuela en trágico accidente aéreo.
Lucho fue mi hermano, mi cómplice, mi confidente, mi compañero inseparable de juego, con quien algún día discutimos por un gol imaginario que no quería reconocer y dejamos de hablarnos.
Los días siguientes nunca fueron los mismos, coincidieron con la llegada de las vacaciones.
A mediados de Febrero, lo fui a buscar para decirle, que tenía razón, que había sido gol, la tienda de relojes de su papá estaba cerrada (Bolognesi, al frente del parque) su vecino me contó que toda la familia viajó a Alemania.
Nunca más lo vi, hasta llegué a pensar que lo hizo porque no cobré ese gol maldito que nos separó.
Un día nos detuvo un señor muy elegante, nos contó que era Herreriano (no existe un ex-Herreriano) nos contó que él también solía correr tras una pelota como nosotros, nos invitó una gaseosa, nosotros escogimos pan con atún del “Oso”.
Nos hizo prometer que cuando seamos hombres de bien y nos crucemos con alumnos Herrerianos, hagamos lo mismo.
Ayer lo hice.
No estaba más el “Oso” y su insuperable pan con atún y chicha "lila" de regalo, además los chicos de ahora son más exigentes, de empanada no bajan y su gaseosa más.
Ahí estaban, delante mío: Rolando, Lucho y yo, el más chato.
-Lo prometemos tío, haremos lo mismo- me dijeron a coro.
Escribo esto, con un nudo en la garganta, los ojos humedecidos, no por nostalgia, que va.
Debe ser que ya estoy tío.
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